Monumentos a los gatos por el mundo.

Puntuación: 4.5 de 5.

¿Quién no le haría un monumento a su gato? Al menos yo le haría uno bien grande, uno que mostrara la gratitud de quienes saben amar a este precioso amigo y que les honrara por su inmenso aporte a la humanidad desde los tiempos antiguos hasta nuestra época actual.

Monumento a “Panteleimon” en Kiev, Ucrania.
Monumento a “Panteleimon” en Kiev, Ucrania.

Es que sin los gatos Egipto jamás habría existido y los egipcios lo sabían, por eso le veneraban como a dioses. Ellos (los egipcios) fueron una inmensa y milenaria civilización viviendo en el borde fértil del río Nilo, justo al lado de las arenas áridas. Solo una vez al año podían recoger su cosecha aprovechando la franja fértil que dejaba el río al bajar las aguas; luego el río lo anegaba todo y solo les salvaba de la hambruna la inmensa producción recogida en graneros, los cuales eran celosamente custodiados por gatos. Sin los mininos como guardianes, las ratas se habrían comido todo el grano de la cosecha y habrían propagado enfermedades y muerte, provocando que todo lo que hoy admiramos de la antigüedad egipcia jamás hubiera existido. No es de extrañar que uno de los más grandes monumentos de esta cultura fuera mitad felino mitad humano; el que hoy conocemos como La Esfinge, es quizás el monumento más grande y antiguo relacionado con los gatos.

Luego en la oscura edad media, donde la insensatez y la superstición campeaban por dominar la mente humana. El gato fue perseguido y quemado por la iglesia que le acusaba de ser amigo del diablo en sus merodeos nocturnos, aunque en ese entonces libró (sin que nadie se lo agradeciera) a muchas ciudades de la peste negra.  Se sabe que las ciudades más desbastadas por la enfermedad (donde llegaron a morir incluso 2 de cada 3 personas), fueron aquellas en las que más se perseguía a los gatos; mientras que en las que se les toleraba, la incidencia de la enfermedad era menor por mucho. Ocurría que los mininos acababan con las ratas, portadoras de la enfermedad que trasmitían a los humanos por las pulgas de la rata (Xenopsylla cheopis).

Monumento al gato Tombili
Monumento a Tombili en Estambul. Puede leer más sobre este monumento aquí.

Monumento a “Towser”, una famosa gata que mereció su puesto en los Guinness Worls Records por capturar durante toda su vida unos 28 899 ratones, hoy ostenta un monumento a su figura con una estatua en bronce en el centro de visitantes de la marca Famouse Grouse, en Glenturret, Escocia. Vivió durante 24 años en la destilería Glenturret, lugar donde fueron testigo de sus hazañas depredadoras, manteniendo libre los almacenes de las tan indeseables plagas de roedores.

Monumento a la gata Towser.
Monumento a la gata Towser.
Gato y perro “Banco de la reconciliación” en la ciudad de Moscú.
“Banco de la reconciliación” en la ciudad de Moscú.
Monumento a “Los gatos sin hogar”, en Alemania.
El monumento a la “Señora Storozhenko”, en Odessa, Ucrania.
El monumento a la “Señora Storozhenko”, en Odessa, Ucrania.
Gato comiendo chorizo” en Kuzbass, región de Kemerovo.
Gato comiendo chorizo” en Kuzbass, región de Kemerovo.
Monumento con gato a los “150 años de la invención de la batería de calefacción”, en Samara.
¿Quién mejor que los gatos agradecen un buen equipo de calefacción? Monumento a los “150 años de la invención de la batería de calefacción”, en Samara.
“Gato” el robusto minino obra del escultor colombiano Fernando Botero, en Monumento a “Los gatos de la ciudad”

Un gato explorador llamado Trim, acompañó a Matthew Flinders en la primera expedición que dio la vuelta a Australia. De pequeño se cayó al agua y salvó la vida trepando por una cuerda. Cuando apresaron a Flinders en la isla Mauricio, Trim le acompañó, pero desapareció en la cárcel, y se cuenta que un desconsolado Flinders prometió hacerle una estatua. No pudo cumplir su promesa porque falleció poco después de su liberación tras siete años de encarcelamiento. Pero Trim tiene dos estatuas, una en Port Lincoln, Australia Meridional, con el hombre que tanto le quiso, y otra en la Biblioteca Mitchell de Sídney realizada por el escultor John Cornwell en 1996.

También te puede interesar leer: Gatomanía. Gatos en los jardines.

Trim y Matthew Flinders en Port Lincoln y Monumento a Trim en Sídney.

Monumento a los los perros y gatos callejeros Tristán y Soledad (en Valencia).
Monumento a los los perros y gatos callejeros Tristán y Soledad (en Valencia).
En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault.
En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault.
Riga, capital de Letonia, se ha convertido en el auténtico hogar de la Casa de los Gatos. Se trata de uno de los monumentos más visitados año tras año, pero lo que pocos conocen es la historia que se esconde tras esta Casa.
Todo comienza por un expreso deseo de venganza de un hombre sobre sus enemigos. Hace muchísimos años que, si vivías en la capital de Letonia y estabas involucrado en diversos negocios, tenías todas las papeletas para formar parte de un Gran Gremio muy exclusivo.
Un conocido hombre de negocios se indignó muchísimo cuando no fue admitido para formar parte de este Gran Gremio. Lo que lo llevó a crear una de las venganzas más sorprendentes y peculiares que se recuerdan.
El hombre quiso se hizo con el edificio que se encontraba justo frente al del Gran Gemio. Entonces, mandó construir dos preciosas esculturas de gatos negros para ser colocados en la azotea y ordenó que fueran colocados de espaldas a la agrupación, a modo de rechazo hacia ellos.
Lo que hay que tener en cuenta es que, en aquella época, dos gatos negros dando la espalda a los directores del Gran Gremio era un auténtico desafío para ellos.
Poco después, se llegó a un acuerdo: Pasaría a formar parte del Gran Gremio si cambiaba a los gatos negros de posición para que dejara de darles la espalda. A pesar de todo, esta pequeña venganza sirvió para que la Casa de los Gatos se convirtiera en uno de los grandes puntos turísticos de la ciudad de Riga, capital de Letonia.

Sin dudas la humanidad actual debe mucho a los gatos y siendo conocedores de esta deuda histórica algunos no dudan en expresarlo mediante monumentos que embellezcan nuestras plazas y parques. Puede que así no perdamos la esperanza de que la nueva generación aprenda a proteger y no a maltratar a un amigo que se ha ganado su lugar no solo por eliminar a las dañinas ratas sino por ofrecer el amor y la paz que ellos saben otorgar.

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