Vaska: el gato proveedor de alimentos en la dura guerra en Leningrado.

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Fotografía cabecera: screenrant.com / San Petersburgo museum

Cuando la guerra ya tenía en el suelo a Leningrado y sus habitantes, dos rusas (como millones más), se esforzaban por sobrevivir. No estaban solas. Un escuálido felino cuidaba de ellas, no al revés, como suele suceder en tiempos normales.

Mi abuela siempre dijo que ella y su madre (cuenta la nieta) sobrevivieron un fuerte bloqueo y el hambre gracias a nuestro gato Vaska. Si no fuera por este matón pelirrojo, habrían muerto de hambre, como muchos otros.
Todos los días Vaska se fue a la cazar y atrapaba ratones o incluso grandes ratas.

“Cada día, Vaska salía a cazar y traía de regreso a casa un ratón o incluso una gran rata. Mi abuela destripaba a los ratones y hacía estofado, mientras que con las ratas, lograba hacer un buen goulash”.

– Nieta e hija de las humanas de Vaska

Este gato siempre se sentaba allí y esperaba su momento para comer y por la noche los tres se metían bajo una manta y se calentaban junto sus ronroneos.

“Él se percataba de los bombardeos mucho antes de que pudieran sentir el ruido de los aviones. Cuando Vaska comenzaba a inquietarse y maullar con angustia, mi abuela sabía que era el momento de tomar sus ropas, agua, a mi madre y definitivamente también a Vaska, y huir de casa”.

– Nieta e hija de las humanas de Vaska
Guerra en Leningrado. El gato Vaska
RIA Novosti

El hambre era terrible. Vaska tenía hambre y estaba muy flaco. Durante todo el invierno hasta la primavera abuela guardaba las migajas para los pájaros y en la primavera salía con el gato a la caza. Derramaba migajas y se sentaba con Vaska en una emboscada, su salto siempre fue sorprendentemente preciso y rápido. Como Vaska estaba escuálido tenía pocas fuerzas no podía mantener el ave que atrapaba. Abuela salía corriendo de los arbustos y le ayudaba. Así era que desde la primavera al otoño se alimentaban más de pájaros.

Gato con soldados durante la guerra en Leningrado.
© Sputnik / Yakov Ryumkin
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Cuando por fin cuando levantaron el bloqueo y llegaba más comida, e incluso después de la guerra, mi abuela siempre entregó los mejores trozos de comida a su gato. Lo acariciaba con ternura, diciendo – tú fuiste nuestro proveedor».

La vida retribuye, eso le sucedió al peludo de esta historia. Cinco años después del fin de la invasión nazi, llegó el fin de un animal que lo dio todo por sus humanas.

Vaska murió en 1949, y la abuela se las arregló para enterrarlo en el cementerio. Para que nadie pisoteara su tumba colocó una cruz con el nombre Vasily Bugrov. Cuando llegó su momento, mi madre sepultó a la abuela junto al gato y después yo sepulté a mi madre con ellos. Hoy los tres yacen bajo la misma lápida, igual que durante la guerra durmieron bajo la misma manta.

Fuente: estracto del libro : Svetlana Aleksiévich. «Últimos testigos de la Segunda Guerra Mundial».

¿Quieres llorar? es comprensible… abraza a tu(s) gato(s) en honor a Vaska, un gato que un día lo fue todo para sus humanos.

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