Uno de los peores días de la vida de Ernest Hemingway.

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Esta es una historia triste, si eres susceptible a este tipo de historias no deberías seguir leyendo.

Hemingway fue un hombre de gatos… y solo un gatero puede entender lo que ellos significaban en su vida. Los gatos pululaban en su casa y las visitas sabían que el límite de Hemingway era que alguien se metiera con uno de sus gatos. Dicen sus amigos que podía pasar del mas fiero estado de ánimo a la más coloquial sonrisa… pero también dicen que solo con sus gatos siempre fue sonrisas, algo había entre Hemingway y sus gatos… esto solo lo entiende un gatero.

Como muchos gateros, Hemingway tuvo que pasar por momentos muy tristes en lo relativo a sus gatos… para él los gatos eran familia, tu que eres gatero sabes lo que digo, y esta es la historia que hoy quiero compartirte.

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Es febrero de 1953, Hemingway está en Cuba en su finca La Vigía, el lugar del mundo en el que probablemente fue más feliz. Por esa fecha ya había escrito la novela ¨El Viejo y el Mar¨, con la que ganaría el Premio Nobel de literatura en 1954. Se encontraba escribiendo a un amigo una carta y cuando ya la colocaba en el sobre, su esposa le llama que su gato Willie había sufrido un accidente, Hemingway mismo lo narra a su amigo:

¨Querido Gianfranco:
Justo después de escribirte y mientras ponía la carta en el sobre Mary bajó de la Torre y dijo: algo terrible le ha pasado a Willie. Salí y encontré a Willie con sus dos patas derechas rotas: una por la cadera y la otra por debajo de la rodilla. Un coche debía haberle pasado por encima o alguien lo había golpeado con un palo. Había vuelto a casa sobre las patas de un solo lado. Era una fractura multiple con mucha suciedad en la herida y fragmentos sobresaliendo. Pero él ronroneaba y parecía seguro de que yo podría solucionarlo.
Hice que René trajera un bol de leche para él y René lo sostuvo y cuidó para que Willie estuviera bebiendo leche mientras yo le disparaba en la cabeza. No creo que sufriera y los nervios habían sido machacados así que las piernas no habían empezado a dolerle realmente. Monstruo quiso dispararle por mí, pero no podía delegar la responsabilidad o dejar una posibilidad de que Will supiera que alguien iba a matarlo.
He tenido que disparar a gente, pero nunca a nadie que hubiera conocido y amado durante once años. Ni tampoco a nadie que ronroneara con dos piernas rotas.¨

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Si un gato sube a ¨tu¨ mesa y se toma ¨tu¨ agua, es que ni el agua ni la mesa son tuyas, sino de el gato, así era en casa de Hemingway… al que no le gustara podía dirigirse a la puerta.

Es una historia fuerte y más difícil de entender hoy en día… un minino en estas condiciones podría salvarse en una buena clínica y disfrutar luego de una buena calidad de vida incluso con prótesis… pero Hemingway está en 1953, no hay clínicas veterinarias y menos aún antibióticos o anestésicos para tratar a un minino herido, Hemingway mismo recibió heridas graves en varias ocasiones durante las guerras y en accidentes aéreos. El sabía que su gato no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir, que mantenerlo vivo era prolongar el sufrimiento del animal y que solo había la opción que él tomó con dolor en su alma.

Hay varias ideas entre líneas en esta carta que demuestran lo importante que era Willie para Hemingway.

  1. Había escrito la carta a máquina y ya la había puesto en su sobre, sin embargo se tomó el trabajo de volver a ponerla en la máquina de escribir y contarle a su amigo lo que le había pasado… era algo demasiado importante en su vida y no podía quedar fuera, no era ¨solo un gato¨ para Hemingway.
  2. Trató con humanidad total al animal, lo acarició y lo entretuvo para que no se diera cuenta del momento en que se iba de este mundo.
  3. No aceptó que otro tomará lo que consideraba su obligación, esto hoy puede parecerte brutal y seguro delegarías en otra persona, Hemingway honró a su gato y por miedo a que otra persona procediera mal porque no quería ¨dejar una posibilidad de que supiera que alguien iba a matarlo.¨ Lo hizo el mismo con dolor pero con mano segura.
  4. Describe y entiende el estado anímico del gato, confía en que su humano lo arreglará todo y le admira por ronronear incluso estando herido; luego declara declara haberlo amado por 11 años.

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Es una historia muy triste, es desgarrante, pero evidencia la relación personal de un hombre con su gato, cuanto lo amaba y cuan importante era para él. Al juzgar esta historia, recuerda por favor ponerte en 1953, las circunstancias actuales son muy diferentes.

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Pequeñas tumbas de algunos de los gatos de Hemingway en la finca La Vigía en La Habana, Cuba. Como muchos gateros, Hemingway prefería tenerles cerca y recordarlos aún después de muertos.

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